Reinas del cuarto oscuro
Hoy en día,con un teléfono móvil podemos hacer fotos impresionantes. Nos quejamos si el filtro de Instagram no es el adecuado o si la batería baja del 20%. Pero hubo una época en la que hacer una foto requería: conocimientos avanzados de química, cargar con pesadas placas de vidrio, lidiar con vestidos de miriñaque que amenazaban con derribar el trípode y, sobre todo, toneladas de paciencia.
En ese escenario del siglo XIX, dominado por señores con sombreros de copa y bigotes respetables, un grupo de mujeres decidió que el arte no solo era cosa de hombres. Se arremangaron los vestidos y cambiaron la historia de la imagen para siempre.
Prepara el café, que hoy viajamos en el tiempo para conocer a las auténticas reinas del cuarto oscuro.
1. Anna Atkins: La botánica que "se puso azul"
Imagínate que vives en 1799, quieres hacer un catálogo de plantas pero no sabes dibujar bien. ¿Qué haces? Si eres Anna Atkins , inventas el primer libro fotográfico de la historia.
En 1843, Anna publicó Photographs of British Algae: Cyanotype Impressions. Usó el método del cianotipo, un proceso químico que, al exponerse a la luz solar, dejaba las imágenes grabadas en un precioso azul prusia.
Es considerada, oficialmente, la primera mujer fotógrafa y la primera persona en publicar un libro ilustrado exclusivamente con fotografías.
Mientras el resto del mundo se volvía loco intentando retratar caras humanas que debían quedarse quietas durante minutos, Anna decidió que las algas eran mucho mejores modelos: no se quejaban, no parpadeaban y ya venían listas de fábrica.
2. Julia Margaret Cameron 1815,: El desenfoque más famoso del mundo
Si Anna era la paciencia, Julia Margaret Cameron era el caos genial. Le regalaron su primera cámara a los 48 años (¡nunca es tarde para empezar!) y transformó su gallinero en un estudio fotográfico.
Julia odiaba las fotos perfectas y nítidas de la época. A ella le gustaba el drama, el misterio y el desenfoque (lo que hoy llamaríamos un efecto bokeh muy artístico).
Retrató a las mentes más brillantes de su época, como al científico Charles Darwin o al filósofo Thomas Carlyle.
Sus sesiones eran una tortura para los modelos. Obligaba a sus amigos y familiares a posar disfrazados de personajes mitológicos o santos, y los dejaba congelados durante exposiciones larguísimas. Cuando los críticos de la época le decían que sus fotos estaban borrosas, ella básicamente respondía: "No es un error, es arte". Una adelantada a su tiempo.
3. Alice Guy-Blaché: 1873 La mujer que vio el futuro
Vale, técnicamente Alice es más conocida como la primera mujer cineasta, pero su romance con la imagen congelada y en movimiento cambió las reglas del juego.
A finales del siglo XIX, la fotografía y el cine primitivo se usaban casi exclusivamente como experimentos científicos (para ver cómo corría un caballo o cómo se movía un tren). Alice miró la cámara y pensó: "Qué aburrimiento. ¿Y si contamos una historia?".
En 1896 escribió y dirigió La Fée aux Choux (La fada de los repollos), considerada la primera película narrativa (con argumento) de la historia.
Mientras los grandes magnates de la época pensaban que el cine era una moda pasajera para ferias de pueblo, Alice fundó su propia productora en Estados Unidos (Solax Company) y llegó a dirigir y producir más de 1.000 películas. Mandaba tanto que en su estudio colgó un cartel gigante que decía: "Sé natural".
Un brindis por ellas !!!!
La próxima vez que te hagas un selfie o captures un atardecer, acuérdate de Anna, de Julia y de Alice. Mujeres que, entre vapores químicos, críticas condescendientes de la sociedad victoriana y cámaras que pesaban lo mismo que un piano decidieron capturar el mundo a su manera.
No solo revelaron fotografías; abrieron el camino para todas las que vinieron después.